MIS «YAYOS» TIENEN MIEDO

MIS «YAYOS» TIENEN MIEDO

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Ayer por la mañana estuve haciendo una de las cosas que últimamente más me reconfortan y me motivan: hablar con los que yo llamo “mis yayos”, y que son, como muchos de los que me leéis ya sabéis, las personas mayores a las que telefoneo como voluntaria de la Cruz Roja. Hablé con más de cuarenta, cuyas edades estaban comprendidas entre los 71 y los 94 años. Fueron conversaciones cortas porque tampoco quería agobiarlos. Hubo algunos que, al ver un número desconocido, me contestaron secamente. “Seguro que quieren venderme algo…” Otras, y aquí lo he puesto expresamente en femenino, no pudieron disimular su recelo cuando les pregunté por su marido. ¡Ay los celos, que no conocen de edad! Afortunadamente, en cuanto me identifiqué y supieron que lo único que quería…
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LAS COLILLAS

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Esta mañana iba a recoger a Blau a la peluquería donde lo había llevado para que lo lavaran y lo pusieran guapo. Algo que yo podría haber hecho, dado su tamaño y su pelito corto, pero no he querido por no jorobarme la espalda. Total, he pensado, por 18 euros… Cuando estaba punto de llegar, en la esquina, he visto ya de lejos, como un señor que claramente podría “etiquetar” de pobre, se iba agachando al suelo una y otra vez. Era delgado, muy delgado. Su piel lucía ese moreno de calle, curtida por miles de horas al sol. Llevaba una barba descuidada, que se iba acomodando a su cara, a medida que iba creciendo. Al acercarme he visto, con estupor, que lo que estaba recogiendo del suelo eran colillas…
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Felicidades, mi vida.

Felicidades, mi vida.

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Bien, bien, no sé cuando naciste, pero tenemos que poner alguna fecha para poder celebrarlo, ¿no crees? Así que haremos caso a lo que indica tu cartilla veterinaria, y tomaremos este diez de mayo, como el maravilloso día en que llegaste a este extraño mundo. ¡Felicidades principito! Dos años. ¡Eres un bebé! Felicidades, y gracias... ¡por tantas cosas! Por tu alegría; por tu compañía; por tu cariño (sin ser zalamero); por tus inagotables ganas de jugar; por tu divertida curiosidad; por tu carita triste cuando me voy, y tus saltos cuando llego. Por querer estar siempre a mi lado mientras escribo; por apoyar tu cabecita en mis piernas cuando estoy en el sofá viendo la televisión o leyendo; por pegarte a mí por las noches en la cama (aunque se…
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CERRAMOS

CERRAMOS

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Como cambian las cosas cuando les puedes poner nombre y apellidos. Como, de repente, la realidad se muestra en toda su crudeza cuando puedes asociarla a un rostro. Paro; Ertes; Pymes; autónomos…Palabras que vomitan sin cesar todos los medios de comunicación, a todas horas, y que acabamos por enmudecer, ajenos a ellas. Cuando vemos esos testimonios desgarradores de personas cuyos negocios han tenido que cerrar, y se lamentan de que no saben qué hacer, porque los gastos siguen aporreando violentamente a sus puertas, mientras que todos los ingresos han saltado por la ventana, y vemos como son incapaces de dominar las lágrimas de tristeza, frustración e impotencia, lo más que pensamos es:” Pobre gente. ¡Vaya panorama!” Y es que, reconozcámoslo, la vida seguirá, y lo que ofrecía aquella tiendecita, arruinada,…
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HISTORIAS DE UNA ESCALERA CONFINADA: 4º 1ª  El bicho está ahí afuera. Yo no salgo.

HISTORIAS DE UNA ESCALERA CONFINADA: 4º 1ª El bicho está ahí afuera. Yo no salgo.

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Hola, me llamo Adrián Serrano Benítez, tengo siete años,  y vivo en mi casa con mi mamá, Rocío. En casa no hay nadie más porque como el bicho está afuera, mi mamá no quiere que entre y que nos haga daño, y no abre la puerta a nadie. Bueno, solo a mi tía Daniela que es la que trae la comida y las cosas que mamá le pide, y también el del super, aunque ese lo deja todo en el ascensor y llama por el telefonillo del portal y dice: “Le dejo el pedido en el ascensor” Y mamá le contesta: “Vale, gracias” Y sale un momento, espera a que llegue el ascensor y coge un montón de bolsas. La tía Daniela viene siempre con guantes y con una mascarilla,…
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Historias de una escalera confinada: 2º 3ª ¿Estás bien?

Historias de una escalera confinada: 2º 3ª ¿Estás bien?

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Me llamo…, prefiero no dar ningún dato mío, por si acaso. Todavía recuerdo aquel día de enero, cuando se empezaba a hablar de China, y de un virus, y de muertos y, sobre todo, de gente que se tenía que quedar, obligatoriamente, en sus casas, sin salir para nada. Un escalofrío recorrió mi cuerpo cuando…él, me dijo: ¿Te imaginas que esto pasara aquí? Todo el día, juntitos. Qué bien, ¿eh, churri? ¡Churri! Siempre he odiado esa palabra. Quizás en otra boca pudiera sonar graciosa, o hasta cariñosa, pero en la suya… Todo lo que salía por ella era ofensivo, humillante y dañino. ¡Todo! Hasta sus silencios hacían daño. La calle y el trabajo eran mis únicos ratos de libertad. En el momento en que salía por el portal, y me…
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Tú también te quedas en casa

Tú también te quedas en casa

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11 de abril del 2020   Sábado Santo Hoy era el día de los hábitos negros; de las capas volando con el viento; de las tulipas; de las miradas emocionadas; de los nervios, después de tan larga espera; de las manitas de las nuevas damas agarrando con fuerza las de sus madres, o sus abuelas, o sus tías. Hoy era el día en que toda Zamora callaba, ante la presencia de una Madre, que lo ha perdido todo, y aún así, sale a la calle para agradecer, en silencio, el cariño que la profesan las miles de personas que aguantan la respiración al verla pasar, despacito, sin fuerzas ya, ni tan siquiera, para levantar sus agotados ojos. Pero no…Hoy no “era el día: Hoy ES el día. Hoy es tu día,…
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Historias de una escalera confinada: 4º 2ª  Mi reclusión con un hipocondríaco

Historias de una escalera confinada: 4º 2ª Mi reclusión con un hipocondríaco

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Me llamo Margarita Soler, tengo cuarenta y cinco años y resido en Segovia, aunque nací en Alicante (de punta a punta). Vivo, junto con mi marido, mis dos hijos adolescentes, y mi perro de más de treinta kilos, en una casa de 65 m2. Los chicos, afortunadamente, al ser del mismo sexo, duermen en la misma habitación, cosa que, hasta hace tres semanas lo habían llevado mas o menos bien. Ahora están todo el día peleándose. Aunque cada uno tiene su ordenador, quieren estar solos en su cuarto mientras reciben las clases online, o charlan con sus amigos, en cuarenta pantallas abiertas a la vez. Yo soy peluquera, así que no hace falta que os cuente más. He estado haciendo algún servicio domiciliario, hasta que mi marido me lo prohibió…
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Historias de una escalera confinada: 2º 1ª  El amante

Historias de una escalera confinada: 2º 1ª El amante

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Me llamo Julia Garrido y necesito hablar con alguien; vaciarme; liberarme, aunque sea con un desconocido, de esta terrible batalla que está librando mi corazón. Cuando Daniel se acerca a mí, me sonríe; me saluda con el codo, y me pregunta, con esa voz de niño que siempre le sale cuando tiene miedo o está preocupado: “¿Estás bien, cariño?”, me destroza. Al ver en su mirada todo ese amor, que a él no se le ha acabado, y el brillo de sus ojos me confiesa que sigue queriéndome como el primer día, me siento la mujer más ruin del mundo. Cómo me gustaría poder calmar su angustia, y confirmarle que estoy bien, y feliz de que nos haya pillado esta pandemia estando en casa, los dos juntitos y solos. Me…
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Historias de una escalera confinada: 3º 2ª  La suegra

Historias de una escalera confinada: 3º 2ª La suegra

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Me llamo Antonio Jiménez, con ”j”, que casi todo el mundo lo pone con “g”, no sé por qué. Soy Toño, para los amigos; Toni, para mis hermanos; Toñín, para mi madre, y nene, para mi mujer. En este momento tengo una caja de Diazepam de 10 de mg en la mano. Me la recetó mi doctora de la Seguridad Social cuando fui hace tres meses porque en aquella época no podía dormir, por preocupaciones varias, y me despertaba por la mañana, a las seis y media, casi a cuatro patas. En la otra mano estoy agarrando una botella de whisky. Es un whisky barato y maliiiiiisimo. Nos tocó a Nieves y a mi la Navidad pasada en un “rasca” que hizo la panadería.  Ni acompañándolo con  un litro de…
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