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HISTORIAS DE UNA ESCALERA CONFINADA: 4º 1ª El bicho está ahí afuera. Yo no salgo.

Hola, me llamo Adrián Serrano Benítez, tengo siete años,  y vivo en mi casa con mi mamá, Rocío.

En casa no hay nadie más porque como el bicho está afuera, mi mamá no quiere que entre y que nos haga daño, y no abre la puerta a nadie.

Bueno, solo a mi tía Daniela que es la que trae la comida y las cosas que mamá le pide, y también el del super, aunque ese lo deja todo en el ascensor y llama por el telefonillo del portal y dice: “Le dejo el pedido en el ascensor” Y mamá le contesta: “Vale, gracias” Y sale un momento, espera a que llegue el ascensor y coge un montón de bolsas. La tía Daniela viene siempre con guantes y con una mascarilla, como las de la tele.

Mamá tiene miedo porque cuando yo era pequeño me puse muy malito y tuvieron que correr mucho conmigo y, por lo visto, hasta estuve casi dos meses en un hospital. Yo no me acuerdo porque debe hacer muchos años de eso, debía ser un bebé. Por eso ella no quiere que el bicho entre en casa.

A mi no me importa estar aquí porque hago muchas cosas, y no me aburro. Voy al cole por el ordenador, y allí veo a la señorita que me manda deberes, como cuando estaba en clase. Y cuando no los estoy haciendo, juego o me voy al comedor y veo pelis, o juego con mamá a unos juegos que tenía de pequeña, arriba del armario, y que ahora los ha sacado. Ella dice que son aburridos, pero yo me lo paso muy bien y me río mucho porque siempre gano, y ella se enfada.

La verdad es que se enfada más que antes. A veces la oigo que grita, pero luego me dice que no, que estaba cantando. Sobre todo, cuando habla por teléfono con papá. El otro día tiró el móvil encima del sofá y se puso a llorar. No sé qué le pasó. Cuando me vio que la miraba asustado, me abrazó muy fuerte (casi me ahoga), y me dijo: “Tú no tienes la culpa…” La culpa, ¿de qué?

A papá desde que el bicho está  afuera no lo he visto. Bueno, por el móvil, sí. La tía Daniela me dijo que no podía venir porque su nueva novia es enfermera. No sé qué tiene que ver.

A los yayos tampoco los veo, aunque el yayo Goyo y la yaya Luisa viven muy cerquita. Los otros viven más lejos; hay que coger el coche.

Con los yayos de aquí cerca estoy siempre que mamá esta trabajando, pero ahora ni mamá ni la tía Daniela quieren que vengan a casa. A lo mejor se han enfadado también.

Mamá me dijo ayer que mañana saldremos un ratito a la calle, si hace bueno.

Pero, ¿y el bicho? Dicen que es tan pequeño que no se le ve, y que todavía no se ha muerto. ¿Y si está en el portal esperándonos? Si todavía sigue vivo y mucha gente se muere por su culpa, ¿por qué quieren que salgamos?

A mí me da miedo y a mamá no la veo muy contenta.

Mamá me ha dicho que veré a papá y a los yayos, pero que a papá lo veré de lejos y que no podré darle ningún beso, y a los yayos los veré cuando vayamos por su calle y se asomen a la ventana. Dice que podré sacar la bici pero que tendré que ir a su lado; sin correr, y que no podremos ir al parque porque está cerrado, y que a la plaza de las palmeras, ya veremos, porque si hay más niños y no podemos estar muy separados, tendremos que volver para casa.

No sé… ¿Y si nos quedamos aquí?  A ver si por salir a que me dé el aire (que ya lo tomo en el balcón), o por ver un momento a papá (sin que me pueda coger), o a los yayos (allí arriba en su ventana), o por acercarnos a la plaza (donde no podré jugar con ningún niño), el bicho malo se va a venir a casa con nosotros.

Y si esperamos un poquito más, ¿eh mami?

2 comentarios en “HISTORIAS DE UNA ESCALERA CONFINADA: 4º 1ª El bicho está ahí afuera. Yo no salgo.

    • Alicia Lakatos

      Es que estamos en un continuo carrusel de emociones. Yo hay momentos en que estoy cantando y al segundo escucho un pájaro y me pongo a llorar. Somos humanos. Un gran beso.

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