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CERRAMOS

Como cambian las cosas cuando les puedes poner nombre y apellidos. Como, de repente, la realidad se muestra en toda su crudeza cuando puedes asociarla a un rostro.

Paro; Ertes; Pymes; autónomos…Palabras que vomitan sin cesar todos los medios de comunicación, a todas horas, y que acabamos por enmudecer, ajenos a ellas.

Cuando vemos esos testimonios desgarradores de personas cuyos negocios han tenido que cerrar, y se lamentan de que no saben qué hacer, porque los gastos siguen aporreando violentamente a sus puertas, mientras que todos los ingresos han saltado por la ventana, y vemos como son incapaces de dominar las lágrimas de tristeza, frustración e impotencia, lo más que pensamos es:” Pobre gente. ¡Vaya panorama!”

Y es que, reconozcámoslo, la vida seguirá, y lo que ofrecía aquella tiendecita, arruinada, lo podremos comprar, de aquí nada, a la vuelta de la esquina en unos grandes almacenes, o en un centro comercial.

Esta mañana me he encontrado con Pablo, y sus dos perros (siempre adoptados). Hacia días que no lo veía, y me he alegrado mucho. Lo primero que recibes de él siempre, es una sonrisa.

Pablo es de esas personas con las que, sin saber bien por qué, conectas desde el primer momento (igual que Eva, su mujer). Esas personas con las que te irías a tomar una cerveza a una terraza, sabiendo que disfrutarías de un rato agradable y distendido.

Hoy su sonrisa, pese a estar bien dibujada en su boca, contradecía el mensaje de sus ojos.

“¿Qué tal Pablo? ¿Cuándo vais a abrir?

Pablo y Eva tienen un restaurante de comidas caseras. Es sencillo, pero solo con leer la carta que te da la bienvenida en la puerta, ya te despierta el apetito.

Un restaurante limpio, acogedor, y cuya mejor propaganda, es ver que siempre tiene gente. Trabajadores de todas clases: desde oficinistas hasta empleados de la limpieza del Ayuntamiento. Todos disfrutan allí de su cafecito; de su bocata del día, o del elaborado menú diario.

A las seis y media de la mañana…Sí, no me he equivocado, a las seis y media de la mañana, en punto, Pablo ya está tras el mostrador ayudando a despertar al barrio.

Cada día, cuando trabajaba,y bajaba a esas casi prohibidas horas, a mi querida Nina, al pasar lo saludaba con la mano, y de él recibía el mejor regado de tan temprana hora: su eterna sonrisa.

Pablo y Eva; Eva y Pablo; dos personas que han trabajado como bestias; que se han dejado la piel y la vida en ese negocio. Dos personas que, como miles de ellas, más de un día habrán hecho sus números, y soñado con una jubilación tranquila y merecida.

Cuando esta mañana Pablo me ha dicho: “Cerramos del todo. Ya no abriremos más”, y he notado un temblor en su voz, las palabras: Paro; Ertes; Pymes; o autónomos, han cobrado sentido.

Es imposible cubrir los gastos con un tercio de los clientes, me ha dicho, y además, ¿en qué condiciones? Tendremos que ir todos con mascarilla y guantes, controlando las distancias…Ese no es mi bar.

Y lo malo es que aún le quedan muchos años de contrato de alquiler que, como la dueña del local no se los conmuta, tendrán que pagar la penalización. Y ¿traspasar el local? ¿A quién? ¿Quién se va a meter ahora en un negocio así? (No sé por qué ahora mismo me ha venido a la cabeza la imagen de unos ojos rasgados).

Nos vamos, ha seguido explicándome, después de toda una vida de trabajo, con una mano delante y otra detrás. Y ahora, con cincuenta años cada uno, a buscar trabajo.

Cuando le he preguntado por las ayudas del Gobierno, o del Govern, su cara se ha transformado.

¿Ayudas? A día de hoy, a nosotros, ninguna. Seguimos pagando el alquiler, la luz, el agua y el seguro, y no hemos recibido ni un euro. Si me pusieran un micrófono delante y pudiera decir la realidad de miles de personas como nosotros… Mientras a unos nos dejan ahogándonos, otros se están haciendo de oro.

Del fondo de mi corazón me ha salido ofrecerme, por si en algo les podía ayudar. La sonrisa de Pablo ha vuelto a su labios, y a sus ojos. “Gracias, contamos con nuestras familias, y algo encontraremos”.

Y he continuado el paseo con Blau pensando que hace cinco meses, seguramente en la barra y en las mesas del restaurante de Pablo, se empezaría a hablar de un virus que había aparecido en China (qué lejos). Quien le iba a decir que ese virus lejano, le iba a destrozar la vida.

Pero sé que son luchadores y, ojalá antes de bajar definitivamente la persiana, y de que se despidan de esas mesitas, y de esas sillas, y de esa barra, testigos de tantas conversaciones, se produzca algún milagro.

Sabéis que os deseo lo mejor, y os agradezco, a los dos, haberme alegrado siempre el camino cuando he pasado por delante de “La Maduixa”, y nuestras miradas se han encontrado.

2 comentarios en “CERRAMOS

  • Esther

    Un restaurante que ha servido a la comunidad por más de 15 años. Los menús eran caseros,; la cocina de toda la vida y por un precio asequible. Vamos a echar de menos este servicio y, sobretodo a Eva y Pau que han sido capaces de llevar este negocio con solo tres personas. Una puerta se cierra y esperemos que dentro de poco, otra se abra.

  • Miguel Ángel Moreno

    Qué tristeza siento desde mi sofá cómodo y como me cabrea la situación que describes y que cambiará tantas vidas para siempre? 😪

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