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No soy ninguna heroína

¿Sabéis lo que más miedo me da del día en que todo vuelva a una relativa calma, y recobremos nuestras rutinas? El darme cuenta que sigo siendo la misma que hace cuatro, cinco, seis o siete meses. Que no soy ni mejor ni peor que antes. Que sigo teniendo los mismos defectos, las mismas manías, los mismos miedos, las mismas inseguridades y los mismos recelos.

El día en que, por fin, nos “den el alta”, y las calles se vuelvan a llenar de gente, tengo miedo de llegar a pensar que he tirado unos meses (únicos de mi vida), por la ventana, porque teniendo todo el tiempo del mundo, no he acabado de escribir la novela que tengo a medias; ni he compuesto una sinfonía; ni he pintado un cuadro; ni me he leído El Quijote, y, ni tan siquiera, he aprendido a hacer torrijas.

Tengo miedo de escucharme a mí misma, recordándome la frase que me ha acompañado toda mi vida: “El día que tenga tiempo haré….”  No nos engañemos, las cosas se hacen cuando se tienen ganas, no cuando se tiene tiempo.

Tengo miedo de tener que reconocer, que no he hecho nada especial. Pero ¿por qué tenía que hacerlo?

Pues porque a todas horas, unas voces me están diciendo que soy una heroína por quedarme en casa; por cocinar para mi sola; por ser voluntaria; por llevar una mascarilla.

Unas voces que me machacan, día tras día, con que yo puedo; con que ahora es el momento de arreglar armarios; de pintar la casa; de aprender a tocar la guitarra; de volver a coger el inglés, o de apuntarme a todos los cursos online, que encima son gratuitos.

Las expectativas para el día en que nos quitemos los guantes, las están poniendo tan altas, que temo caer en una depresión cuando me dé cuenta que, lo único que he conseguido, ha sido ganar algún kilo, y perder las mechas que me he tenido que oscurecer con un tinte del supermercado.

No soy ninguna heroína, soy un ser humano que amo la vida y quiero seguir conservándola. Que amo a mi familia y a mi gente, y velo por ellos, de la mejor forma que sé, que es cuidándome yo.

Quiero que si ese día “X” llega, teniendo todavía un motón de asignaturas pendientes, sin aprobar, y de tareas por realizar, no me sienta culpable. “El día que tenga tiempo haré…”

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