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«La vie en Blau»

Hola amigos; me llamo Blau. Bueno, no estoy muy seguro, pero creo que sí. Al menos esa es la palabra que más me repiten últimamente: Blau aquí; Blau allá; Blau ven; Blau vámonos; Blau, Blau, Blau. Antes, en el otro sitio me llamaban de otra forma, pero ya no me acuerdo (o no quiero acordarme). Me gusta más este; suena a “Guau”, ¿verdad?

Como no quiero aburriros os hago un resumen de mi historia.

Nací en Salamanca hace…muchos anocheceres. Contado como lo hacéis vosotros creo que sería, más o menos, un año y medio. Vivía feliz en una casa con unas personas que, supongo que me querían. Un día íbamos en el coche, y en una carretera bajaron la ventanilla. Seguro que como soy tan loquito, me asomé demasiado y me caí. Y seguro que esas personas que, sigo suponiendo que me querían, no se dieron cuenta que me había quedado atrás, en medio de la carretera y continuaron el viaje. ¡Vaya disgusto que tendrían después!

El otro día en el Refugio donde fui a parar, un perro mayor, y que siempre estaba de mal humor, me quiso hacer creer que yo no había saltado, sino que habían sido ellos los que me habían tirado por la ventanilla porque ya no me querían. ¡Qué viejo más amargado! Yo me pelee con él (sin morderle, ¿eh? solo ladrándole un poco), y le dije que eso era mentira. Cómo iban a hacer esa cosa tan horrible conmigo si me portaba muy bien (a veces hacía alguna trastada, pero eso es porque soy muy joven), y sobre todo les quería mucho, y ellos a mi también. Pues no hubo manera: Erre que erre. Y luego dijo algo que me dejó muy preocupado, porque los otros perretes que estaban también allí con nosotros se callaron y no lo negaron. El viejo gruñón dijo: “Te han abandonado, como a todos los que estamos aquí”.  Vale, tío, lo que tú digas.

La verdad es que lo que pasó después de que me quedara en medio de la carretera, lo tengo un poco confuso en la cabeza. Otro coche que venía detrás paró, salió de él una señora, y como yo me quedé quieto, porque no sabía si echar a correr o quedarme allí  hasta que “mi coche” regresara,  ella se fue acercando poquito a poco, y cuando estuvo justo a mi lado me cogió, me dijo unas cuantas cosas que me sonaron muy bonitas, y me metió en su coche.

Luego fue todo muy deprisa. Estuve un par de anocheceres  en casa de esa nueva señora y después me metieron en una caja donde no veía nada. Yo creo que volví a ir en coche pero lo pasé muy mal; se movía mucho y me parece que hasta vomité. Llegué a pensar que ya nunca más saldría de allí porque estuve dentro de ella muchas, muchas horas. Hice un largo viaje, pero ¿a dónde?

Al final, cuando la caja por fin se abrió, resulta que estaba en un Refugio (el que os he contado antes del gruñón). Había otros perros, como yo, aunque muchos de ellos eran muy mayores. Casi todos me olieron y me miraron con curiosidad. También había personas que enseguida me abrazaron y me acariciaron.

Y un día… esto no me gustó nada, me llevaron a un sitio donde había un señor que no sé que me hizo en la pata, que de repente me entró un sueño horrible y… no me acuerdo de más, solo que cuando me desperté llevaba una cosa en la cabeza que me molestaba mucho porque con ella no podía chuparme el culo. Me empezaba a molestar mucho y a doler un poco y quería lamerme, pero aquella cosa me lo impedía. Pasé unos días muy triste pensando que me quedaría así para siempre.

Y una tarde llegó otra señora, y enseguida empezaron todos a mirarme, y me di cuenta que estaban hablando de mí. La señora se agachó a mi lado y vi una cosa muy rara:  de sus ojos le salían como una gotitas de agua, mientras me decía: “Cariño, qué bonito eres”.

¡Ufff! Sé que todavía me faltan palabras para saber expresarme bien, pero… ¿cómo os lo podría explicar? Cuando esta señora me cogió, y la miré, y ella me miró,  me entró una especie de…¡Ay, qué bien estoy! Y pensé: Ya nunca más te va a pasar nada malo.

Y, efectivamente. Aquí estoy. En casa… ¡En mi casa! Ahora se ha ido a comprar y ya no lloro de susto cuando se va, porque siempre vuelve. Los primeros anocheceres sí que lo hice, aunque la pobre venía enseguida; ahora ya tarda un poco más, pero no me importa.

Es una casa muy bonita, con un maravilloso sofá, súper cómodo (ja,ja,ja) y una enorrrme cama. Hay veces que cuando también ella se va a dormir me riñe (pero riéndose, que eso creo que no cuenta como reñir),  y me empuja mientras me dice: “Blau, vete un poco más para allá que no puedo ni meterme”. Y yo hago como que no me he enterado hasta que me coge y me coloca un poco más lejos. Al segundo ya estoy pegadito a ella. ¡Esta no se me escapa!

Pero amigos, lo mejor, lo más extraordinario, es la terraza. Veo todo lo que pasa por la calle.

Bueno, esto ya os lo explicaré otro día. Tengo muchas cosas que contaros porque, aunque solo soy un perrillo, todo me llama la atención, y me gustaría compartirlo con vosotros.

Me voy que escucho el ascensor, y eso es que ya está aquí. 

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