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La niña que dejó de cantar porque se le rompió el corazón

Cuántas veces me han preguntado de dónde me vienen las ideas para escribir. Mi respuesta es siempre la misma: De la vida.

Os voy a contar una historia que descubrí el otro día, viendo un programa de televisión.

No; no fue en ningún documental, como todo el mundo presume que únicamente ve ¿¿¿???; ni en ninguna noticia de los telediarios; ni en ningún programa de divulgación científica. Fue en  Got Talent España. Un programa concurso, en donde los concursantes tienen que demostrar su “arte”.

Como en la viña del Señor, por ahí pasan todo tipo de personas, y de personajes. Desde los que realmente tienen talento en su disciplina (música, acrobacia, magia, humor, etc.), hasta los que su inconsciencia, falta de criterio personal, y estupidez, les hace pensar que son muy buenos.

Bien, vayamos a lo que os quería contar.

Últimamente, casi todos los programas que veo en la televisión, son grabados. Así me ahorro los anuncios, y cuando algo no me interesa, simplemente le doy a una teclita del mando,  lo acelero, y lo paso.    

El martes, mientras comía, me puse  para distraerme el Got Talent España que habían emitido el día anterior. Todo iba como siempre: con actuaciones buenas, regulares, malas y malísimas. De repente, el jurado se quedó un poco desconcertado ante el retraso del siguiente número. Se miraron entre ellos; el público comenzó a inquietarse, y finalmente apareció un técnico del equipo para informar al jurado, que la chica que tenía que salir, estaba muy nerviosa.

Entonces el programa conectó con el Backstage (bambalinas de toda la vida) y sacó un primer plano de la chica.

La participante era una niña de 12 años. Me gustaría poder describírosla, pero creo que la palabra que más se acerca es la de: Un ángel.

Delgadita; con una preciosa melena rubia, y unos maravillosos ojos que transmitían paz y serenidad. Curiosamente, lo que le estaba faltando a ella para salir a actuar.

Y tomando varios momentos, ya grabados, de la entrevista previa que le habían hecho (y que el jurado desconocía), la niña comenzó a explicar con voz pausada.

“Yo estoy siempre cantando: cuando me levanto, mientras de ducho, mientras desayuno, por la casa, en el colegio, en mi habitación. Siempre cantando; pero hace un par de años dejé de hacerlo”.

La cámara se acercó más, y se pudo apreciar el cambio en la expresión de sus preciosos ojos.

“Hace dos años perdí la ilusión por cantar; no tenía ganas de nada. Estaba triste; sin fuerzas, y no lo entendía, hasta que me dijeron lo que me ocurría: Tenía un gravísimo problema de corazón.

Un corazón al que, cada vez que me nota que estoy nerviosa o alterada,  le dan micro infartos…

Tengo que estar siempre relajada, intentando no preocuparme, porque si no, me puede dar un ataque en cualquier momento”.

Aun así, y gracias al tesón, el amor y el trabajo de su madre, que se convirtió en la guardiana y protectora de su corazón, consiguió volver a tener la ilusión de cantar.

La niña finalmente salió al escenario. Muy despacio. La realización del programa hizo casi una salida en cámara lenta, mientras se veían las caras del jurado observándola, y ella observando al jurado, y a todo el público que abarrotaba el teatro.

Su mirada era de absoluta tranquilidad, (no podía permitirse otra cosa), aunque los nervios iban por dentro.

El jurado la acogió con cariño; le dijeron que cerrara los ojos, y pensara que estaba cantando ella sola, en su habitación.

La niña del corazón partío, como diría Alejandro Sanz, comenzó a cantar. No voy a juzgar cómo lo hizo porque, aunque la voz era muy bonita, e interpretó “Hallelujah” de Leonard Cohen, con un sentimiento que ponía los pelos de punta, creo que lo importante fue la actitud, y el pulso que le echó a la vida.

Cuando finalizó, el público la ovacionó, puesto en pié, y cada miembro del jurado le dio un “SI” emocionado, al que ella fue agradeciendo con lágrimas en los ojos.

Edurne, que era uno de los miembros del jurado (mujer  maravillosa, como artista y como persona), le preguntó quién era su referente. Me imagino que lo que quería saber era quién era el cantante al que admiraba, o al que le gustaría parecerse. La pequeña no tardó ni un segundo en responder con orgullo: “Mi madre”.

¿Por qué me toco tanto esta historia? Por muchas cosas.

Porque el destino le ha adherido, a su pecho infantil, una bomba con la que tendrá que convivir toda la vida.

Porque tendrá que aprender la, casi imposible misión, de no ponerse nunca nerviosa, y de no permitir que nada la altere. ¿Os imagináis todo lo que le espera a esta criatura? ¿Os podéis acordar de todas las situaciones de estrés, de angustia, y de preocupaciones que lleváis viviendo desde que tenéis uso de razón?

¿Cómo tendrá que hacer para no perder su propio control, ante todas las dificultades que le esperan en la vida?

La vida es maravillosa, por supuesto; es lo más grande que tenemos, pero a lo largo de ella, deberemos atravesar muchos puentes peligrosos; algunos tan frágiles, que cualquier paso en falso, nos hará caer en el agua.

“Sé que tengo esta enfermedad en el corazón, como podía tenerla en una pierna, o en un brazo”. Explicaba la nena de la mano de su madre, que la miraba embelesada por su coraje.

Cuando acabó la actuación, y todavía envuelta en una nube de felicidad, salió del escenario agradeciendo la oportunidad que le había dado el programa para sentirse mejor con ella misma, y para dejar atrás sus defectos.

Lección de fortaleza; de superación; de enfrentarse a los enemigos con la espada en alto. Lección de una niña, a quien el corazón roto le impidió hacer lo que más quería, pero al que ella le ha puesto una gran tirita y…. ¡Para adelante!

Sí amigos. Los héroes y las heroínas no solo están en los libros. A veces, muchas más veces de la que nos imaginamos, las tenemos a nuestro lado.

Ojalá esta pequeña tenga una extraordinaria carrera musical; consiga todos sus sueños, y su corazón se acostumbre a las oleadas de la vida, y no se asuste con sus invites, sino que aprenda a saltarlos con alegría.

Un beso a todos y acordaros que la vida… es un Carnaval.

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