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¿Hay que besar tanto?

Nos llenamos la boca los mediterráneos de que somos un pueblo de sangre caliente; un pueblo cálido, que necesita el contacto físico con los demás.

Para demostrar afecto, o respeto, o simplemente educación, no hace falta ir apretando manos. No todas las manos son “apretables”: Manos blandas; manos sudorosas; manos que no sabes qué han tocado antes de estrechar la tuya…

Para demostrar que queremos a las personas, no tenemos por qué estar besuqueándolas cada vez que nos las encontremos. Besar por besar.  Besos al aire que, el noventa por ciento de ellos, no son de verdad. El beso de verdad, ese que le das a tu hijo, a tu madre, a tu hermana, a tu abuelo, a tu amigo, a quien realmente quieres, es un beso ventosa. Es ese beso en que tus labios se pegan a la querida mejilla, y con su sonoro ruido proclamas a los cuatro vientos tu cariño, o tu amistad. Los otros, los que simplemente acercamos la cara y, casi ni nos rozamos: “Muac, muac”, esos no son besos; esos son “paripé”.

Luego, aprendamos que podemos querer igual, que podemos ser igual de amables, cariñosos, simpáticos y entrañables, sin tanto contacto físico; sin tanto aproximamiento; sin tanto pegarnos al interlocutor  que tenemos delante. Demos un poquito de espacio. Evitemos el estar inyectando nuestro aliento (no siempre de fresco aroma), en la boca del otro. Mantengamos una distancia de “cortesía”.

Yo estoy convencida, como la gran mayoría, de que a partir de ahora las cosas no van a ser igual. Dudo que, en el momento en que nos den el alta a todos, salgamos como locos a las calles, para besarnos o abrazarnos con el vecino que hemos estado viendo, cada día a las ocho, desde hace tres meses, en el edificio de enfrente aplaudiendo. Yo, al menos, no lo voy a hacer. Porque en el fondo, como humanos vulnerables que somos, una mala cara, una inoportuna tos, un estornudo, nos hará recelar de que “el bicho”, no se haya ido del todo.

No quiere más quien necesita hacer alarde de su amor, si no el que, con una simple mirada, te llena de su calor.

Posdata: Prefiero una sonrisa sincera a un beso vacío.

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