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El cuento de Navidad de Blau: «Nuestros invitados»

Érase una vez

Cuando Isabel llegó al refugio de animales el día 25 a media mañana (ella siempre lo hacía a primera hora, pero la cena de Nochebuena se había alargado más de lo previsto, y se había acostado casi a las cuatro de la madrugada), el corazón le dio un vuelco en cuanto aparcó el coche. Era la primera vez en veinte años que no escuchaba ningún ladrido que saliera a recibirla. El silencio era sobrecogedor, roto tan solo por el canto de algunos pájaros, medio afónicos por haber tenido que soportar una de las noches más frías del año.  No podía ser. ¿Dónde estaba Sam, y Moreneta, y  Bonita, y Roni y…¿Dónde estaban todos?

Sus peores temores cobraron vida cuando vio la puerta del Refugio abierta: se habían escapado. Pero, ¿todos? Era imposible; algunos de ellos estaban muy viejecitos, y si lo hubieran hecho estarían por allí cerca. Entró desesperada, llamándolos uno por uno. Ninguno contestó. Entonces se percató de que todas las jaulas, donde permanecían separados por edades, o comportamientos, estaban también abiertas. ¿Los habían robado?

Al salir para ir a buscar el móvil, que se lo había dejado dentro del coche, vio encima de un saco grande de pienso, un papel con algo escrito. En su nerviosismo pensó que sería de los ladrones pidiendo una recompensa por devolverlos. Lo cogió con mano temblorosa, y tras leerlo, se apoyó en la pared y casi sin darse cuenta, fue resbalándose hasta quedarse sentada en el suelo, mientras unas gruesas lágrimas comenzaban a rodar incontrolables por sus heladas mejillas.

El mensaje que le habían dejado hizo que, por un momento, creyese que estaba todavía dormida y todo era producto de un sueño. Un mensaje con una firma que a Isabel le costó reconocer: “Blau.” ¿Blau había sido el causante de aquello? ¿El pequeño perrito de ojos azules, que había llegado en una caja desde Salamanca, después de que sus dueños lo tiraran desde la ventanilla de su coche en plena carretera? ¿El pequeñín, tímido y cariñoso que iba buscando continuamente el calor de los demás perros, y de las personas?  Pero…Blau desde el 21 de septiembre estaba ya en su nueva casa; feliz y maravillosamente adaptado. ¿Cómo había sido posible que…?

Dos días antes…  

-Blau, no tires tanto, que al final harás que me caiga. Pero ¿qué te pasa? ¡Ah! que has visto a un amigo. Ya voy; espera, que me llevas a cien por hora.

-Hola Blau. Mira Roqui, tu amiguito. Huy que alegría tienen de verse.

-Chica, ¡qué locura! Lleva unos días nervioso, y sobre todo ayer y hoy se va parando con todos los perros que se encuentra por el camino.

-Roqui también está raro. Fíjate que anoche, lo que nunca ha hecho, me cogió de encima de la mesa la media barra de pan que había quedado, y después de buscarla por toda la casa, me la encontré escondida en su cuna, debajo de su manta.

-¿En serio? Pues ahora que me dices eso, yo ayer también, cuando fui a colocar los cojines del sofá, vi que en una esquina, y medio camuflados detrás de un muñeco de peluche, había por lo menos diez granos de pienso de los gordos, de los que le doy como premio. En vez de comérselos se los había llevado allí, como si fuera un botín.

-Son tremendos. Vamos Roqui, que tengo muchas cosas que hacer. Todavía no he comprado el segundo plato para la comida de Navidad.

-¡Vaya estrés! Blau, despídete, y a ver si avanzamos un poco, que a este paso no llegamos a casa ni para fin de año.

-Adiós, precioso….¡Veeeeeenga, Roqui!  

¡Qué pesadas son! Seguimos hablando mañana, ¿vale, Blau? Estoy tan nervioso…

Tienes que intentar disimular, que no te lo noten en tu casa. Ante todo, discreción. Los humanos son muy listos y enseguida atan cabos. No tienen que sospechar nada, si no, se podría ir todo a la porra.

Descuida, por mi parte puedes estar tranquilo. Por los otros… no sé yo.

Ahí está Kika. Voy a verla. Adiós, Roqui.  

-Que no tires tanto. Pero, ¿qué demonios te pasa?

-Ja,ja,ja. Menos mal que es pequeño. Kika también estaba tirando desde que os hemos visto. ¡Mira como se abrazan! No, si al final esto acaba en boda…  

La de tonterías que llegan a decir… Ni caso, Blau.

Ni caso, ¿de qué?

De nada; de nada, que también tú a veces parece que estés en otro mundo. Eres muy jovencillo. ¿Ya has hablado con todos?

Sí, solo queda Mamut, pero hace días que no lo veo.

Yo me lo encontré hace una semana, cuando salíamos de la farmacia, y me dio mucha pena.

¿Por qué?

No sé; iba caminando muy despacito, y me dijo que estaba muy cansado y que le dolían mucho las patas. Me pareció un poco desanimado y, por lo que pude escuchar, su dueña estaba muy preocupada. Entonces, a parte de él, ¿todos los demás están ya preparados?

Todos. Y no te creas que ha sido fácil; hay algunos que casi he tenido que informarles por señas porque sus dueños ni nos dejaban acercarnos. ¡Cuánta prisa llevan siempre las personas!

Y cuanta más prisa, de peor humor están, ¿lo has notado?

¡Ya te digo! ¿Has cogido provisiones?

Sí. Ayer por la mañana, cuando vino de comprar, se le rompió la bolsa donde llevaba la fruta y se le cayeron las manzanas por el suelo. No veas como fui corriendo a por ellas. Enganché dos. Fue de risa porque cuando se dio la vuelta, miró para abajo y yo creo que pensó: “¿Tan pocas he comprado?”. Ja,ja,ja.

¿Y no te vio?

¡Qué va! Fui corriendo, y las metí debajo de la cama.

Perfecto. Yo creo que, “cuando lleguen”, no les van a dejar sin comer, pero…por si acaso.

¿Sabes quien se quedará en mi casa? Me gustaría que fuera un chico, no muy mayor, ni muy grande. Algo así como tú.

No sé Kika. Lo iremos viendo sobre la marcha. Lo importante es que todos nosotros nos hagamos responsables de nuestros invitados, y consigamos que nuestras familias los acojan.

Ojalá. No me puedo llegar a imaginar cómo debe ser la vida allí. Tienen que estar tan tristes…

A ti no te abandonaron, ¿verdad?

No. Mi mamá me tuvo a mi y a mis cuatro hermanitos en la casa del vecino de abajo, y por lo visto, desde antes de que naciera, mis amos ya tenían preparada mi cuna. Solo fue cuestión, cuando tuve mes y medio, más o menos, de cambiarme de piso.

Tuviste mucha suerte, muchacha. Hay tantos que anhelan esa cuna…Bueno, no nos pongamos tristes. Mañana será un gran día, Estoy seguro. v ¿Con quien vas a ir al refugio?

El rottweiler de la señora rubia quería ir conmigo.

¿Nerón? Pero si es enorrrrrme. Si va él ocupará el sitio de tres perrillos. v Por eso, le he dicho que no. Que me espere, como todos, en su casa, y que ya llegaremos. Iré solo.

Solo, no creo.

Quiero decir que, de perro, solo iré yo. Claro que tiene que venir alguien más conmigo. Yo no sé conducir. Ja,ja,ja.

¿Seguro que tu amigo no te fallará?

¿Dani? ¿Mi padrino? ¡Qué va! Cuando le conté el plan, después de decirme que estábamos locos, se entusiasmó, y ahora sé que hasta ha pedido a un primo suyo, una furgoneta grande porque en su coche no cabríamos todos. Hemos quedado mañana a las seis de la tarde. Me vendrá a buscar a casa.

¿Y tu dueña, te dejará salir?

Sí. Dani le ha dicho que como hace mucho que no me ve, quiere llevarme a un chuchi park.

¿Chuchi park?

¿No has estado nunca en ninguno? Es un sitio donde hay todo tipo de juegos para perros, y chuches, y en verano ponen hasta una piscina. Como Mª Ali estará preparando la cena de Nochebuena, y estará liada, le ha dicho que, vale, pero que tenga mucho cuidado conmigo no sea que me vaya a escapar. ¿Cómo puede llegar a pensar que querría escaparme? Si con ella lo tengo todo… ¡Humanos! Adiós, Kika. Hasta mañana.

¡Qué emoción……!  

Isabel, todavía sentada en el suelo, con el papel fuertemente apretado contra su pecho, miró hacia la puerta; creyó haber escuchado un ruido, y pidió: ¡No, por favor! Tras unos segundos volvió a reinar el silencio, y por tercera vez, leyó el escrito que le habían dejado encima del saco de pienso.

“Hola Isabel, espero que no te hayas asustado mucho. Si cuando llegues mañana, día de Navidad, ves que el Refugio está vacío, será una noticia maravillosa porque confirmará que todos los perros que estaban sin un hogar, por fin lo han encontrado. Aunque estuve muy poco tiempo con vosotros, y me tratasteis muy bien, no he podido olvidar algunas de las historias que me contaron, sobre todo los más mayores, los que llevaban allí mucho tiempo; demasiado. Y no he podido olvidar sus tristes miradas, y el miedo que tenían a no salir ya nunca mas de ahí, y no volver a pertenecer a ninguna familia. A pesar de que casi todos habían sido abandonados, seguían confiando en los humanos, y necesitando su cariño y su protección. Por eso, porque yo sé la suerte que he tenido al encontrar a una persona que me ha hecho volver a ser el perro más feliz del mundo, hablando con otros colegas del barrio, pensamos que teníamos que hacer algo, y hacerlo ya. Y que mejor fecha que la Nochebuena.

Así que decidimos que cada uno de nosotros (somos un montón), llevaríamos esta noche un “invitado” a nuestras casas.  Todos nuestros humanos quieren a los animales, por lo que estamos seguros que permitirán que se quede ya para siempre. Y si ellos no pueden, como en todas las casas habrá mucha más gente esta noche, y todos estarán contentos, no será nada difícil que el hermano, o la tía, o la amiga, o el cuñado del dueño de la casa, acabe llevándoselo, y dándole el hogar que tanto necesita. Hemos pensado en todo, no creas, y hasta, por si acaso no había bastante comida para el nuevo huésped, hemos estado almacenando todo lo que hemos ido pillando.


Ningún animal merece el abandono, la indiferencia y a veces la crueldad de los humanos.  Ningún animal merece sufrir por un capricho. Ningún animal tendría que pasar por la terrible experiencia de verse recluido en una jaula a la espera, día tras día, de un milagro, o de la muerte. No somos juguetes sin alma, a los que, tras la ilusión del momento, se les puede arrinconar porque…hemos crecido más de lo esperado; o hacemos pipí cuando lo necesitamos, no cuando a ellos les conviene; o hay que sacarnos a la calle a que nos de el aire, y a relacionarnos con otros de nuestra especie; o nos ponemos malitos y hay que gastar dinero en el veterinario, o…


Isabel, vendremos a verte, a ti y a Cristina y a Miriam y a Cristóbal y a todos. Estoy seguro que estas Navidades van a ser las mejores de nuestras vidas.  Un fuerte lametón. Blau
«.

Y colorín colorado, El Barrio se llenó, de la noche a la mañana, de nuevos «vecinos», que vivieron felices por siempre, jamás.

4 comentarios en “El cuento de Navidad de Blau: «Nuestros invitados»

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