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Que… ¿Para qué quiero mis vacaciones?

Para ir paseando por la playa, o estar escribiendo en el porche, o tomándome una cerveza en el jardín y de repente, achicar los ojos  y pensar: ¿Qué hora debe ser?

Para ir caminando por la calle y decirme a mi misma: ¡Hey!, echa el freno Magdaleno, ¿dónde vas tan corriendo?, que no tienes ninguna prisa…..

Para estar delante de un maravilloso huevo frito con patatas fritas (¡ummmmm que rico!), y lenta, muy lentamente aplastar un trozo de pan (pero de pan, pan, no de goma), en la yema hasta que haga ¡plaf!, y se impregne de ella y casi, como si fuera un ritual japonés, metérmelo en la boca y saborearlo como el mejor de los manjares. Y no hacer ¡glub! y en un segundo comerme la yema, la clara, las patatas y hasta el postre, porque….. he de volver al trabajo y no tengo tiempo.

Para despertarme a las cinco de la mañana y, por puro morbo, mirar el reloj del móvil que tendré descansando en la mesilla, y dejar asomar una triunfal sonrisa al acordarme que, no es que me falten tres cuartos de hora para levantarme, si no que me falta…..¡lo que me de la gana! (o mis perras me permitan)

Para ir al pueblo o al barrio de pescadores y entrar en todas las tiendas y tiendecitas que me vaya encontrando (posiblemente para no comprar nada), por el puro placer de meterme en ellas y fisgonear, y cuando la dependienta me diga: ¿Puedo ayudarla en algo?, con la mejor de mis sonrisas contestarle: “Gracias, solo estoy mirando”

Para comerme ese helado que tanto me habrá costado elegir,  mientras me vienen a la memoria recuerdos de infancia cuando, como ahora, luchaba por comerme el cucurucho de barquillo antes que empezara a gotear la bola de limón, o de tuttifrutti (cosa, imposible, por otro lado)

Para volverme a reencontrar con ese querido mar que, aun teniéndolo relativamente cerca, llevamos casi un año separados. Y pasear despacio, jugando con el agua, dejando la mente en blanco, hipnotizada con el ir y venir de unas olas que, curiosas,  se acercarán a mí para ver cuánto he envejecido en doce meses.

Para ver las noticias de pactos, de traiciones, de ambición, de sufrimientos o de muertes, como si estuviera mirándolas con unos prismáticos al revés que me hicieran verlas pequeñas, muy pequeñas.

Para poderme dar el regalo de levantarme pronto, nada más que para ver amanecer, o sentarme en la arena, siendo espectadora de primera fila, cuando el sol, ya cansado de tantas horas aguantando a la “humanidad”, le ceda el testigo a su amiga la Luna y se vaya a descansar.

Para poder dedicar todo el tiempo que merecen, a mis dos compañeras de fatigas, y disfrutar viendo como, también ellas, se enamoran de las olas (veremos Nina como reacciona ante el mar)

Y para esperar que vengan las musas a visitarme, sin meterles prisa, sin decirles que casi no tengo tiempo de recibirlas, o que …¡lo siento pero, me estoy cayendo de sueño!

Me gusta escribir, disfruto haciéndolo, me sigue alucinando empezar un escrito y no saber casi nunca como lo voy a acabar. Adoro a todos mis personajes y soy también muy feliz sabiendo que mis historias son compartidas con cientos de personas que, semana tras semana, me van siguiendo fielmente en el blog, pero, como dije en una publicación, tengo ganas de, al menos unos días, dedicarme el maravilloso placer de: «Non fare niente». Un beso grande a todos. 

8 comentarios en “Que… ¿Para qué quiero mis vacaciones?

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